Me propusieron hacer un vídeo. Aposté por hacer un documental. Y fui a rodar al desierto de Jordania
Este proyecto arrancó de la mano del Área de Mujer y Montaña de la FEDME.
Me pidieron un vídeo sobre una expedición del equipo femenino de alpinismo de la FEDME a Jordania. Mi respuesta fue: ¿y si hacemos un documental? Manuela Crespillo, vocal de comunicación de la federación, y Reyes De Miguel, vicepresidenta de igualdad, fueron quienes confiaron en que podíamos ir más lejos.
La respuesta fue: el presupuesto es el mismo. Si con lo que hay puedes hacer un documental, adelante.

Un vídeo corporativo no necesita web, presencia en festivales ni estrategia de distribución. Un documental, sí.
Con ese mismo presupuesto construí todo lo que un documental necesita y un vídeo corporativo no: una web, un sistema para enviarlo a festivales, una estrategia de distribución para proyecciones en clubs, asociaciones y ayuntamientos. Sin YouTube. Con recorrido real.
Pero antes de todo eso, había que llegar a Jordania y rodar.
Nada más llegar a Jordania. Las chicas fueron a escalar. A mí me tocó el examen.

Pasamos la noche en la carretera, y al amanecer llegamos a Wadi Rum, y nada más llegar, ¡a escalar! Yo ya escalaba. Pero siempre había hecho escalada deportiva, nunca escalada clásica o de largos. Había material que nunca había usado, como un reverso. La directora del equipo me dijo antes de salir: no te preocupes, lo que no sepas te lo explico allí.
A mí me tocó ir con la directora. Que no me explicó demasiado. Fue más bien como un examen de la autoescuela, pero en una pared en el desierto.

Los días siguientes no mejoraron mucho. Me sentía solo, fuera del equipo, un extraño con una cámara. En algún momento llegué a pensar en pedir un vuelo de vuelta y entregar el vídeo que me habían pedido. Salir de allí.
No solo el tipo que les grababa entrevistas. Uno más.
Amaia fue una de las que ayudó a integrarme en el equipo. Ya no está con nosotros. Nos dejó en un accidente en la Patagonia poco después de aquel rodaje. Lo que demostró en aquella expedición dice mucho de quién era: cuando alguien no estaba bien, ella lo veía. Y hacía algo. Ese liderazgo silencioso, que no necesita título ni cargo, es de los que dejan huella. En las personas y en los proyectos.
Veinte días, el equipo dividiéndose en paredes distintas y el desierto de por medio.

Escalé con ellas. Las grabé durante 20 días. Hubo jornadas en las que el equipo se dividía en dos o tres grupos en paredes distintas y caminé solo por el desierto de uno a otro con el equipo a cuestas.

De esos veinte días me llevé la certeza de que soy capaz de resolver rodajes complicados en lugares extremos.

El documental Abriendo Camino se terminó. Tuvo premios. Recorrió festivales internacionales.
Y no era consciente de todo lo que vendría después.